Amo también por ustedes, hermanos
muertos,
a mi amada. La amo como tú,
Trakl, amaste a tu hermana antes
de morir en la lejana Cracovia
de morir en la lejana Cracovia
por una sobredosis
de cocaína. La amo como tú,
de cocaína. La amo como tú,
Maiakovski, amaste
a mujeres ajenas; tú que creías con fanatismo
que la poesía podía cambiar el mundo antes de
a mujeres ajenas; tú que creías con fanatismo
que la poesía podía cambiar el mundo antes de
decidirte en Moscú, con un tiro de
pistola,
a poner punto final a tu vida. La amo como tú,
Jesenin,
que escribiste que eras feliz porque
amabas
a las mujeres, amaste a aquella que murió
después de tu
muerte envuelta un chal de seda muy
apretado, sin
saber si al quitarte la vida en el hotel
Angleter de Leningrado, pensaste
en ella. La amo como tú, Crane,
amaste el espectro de aquella a la que
querías
unirte cuando saltaste del barco en el
golfo
de México y nunca encontraron tu
cadáver. La amo como tú, Attila, amaste
a aquella que te abandonó, como te
abandonaron todos, antes de que te
arrojaras bajo
el tren. La amo como tú, Celan,
amaste a tu amada, llamada simplemente
Palabra, desde la nada fulgurante forjada
sin cesar,
antes de arrojarte desde el puente al
Sena...
Amo también por ustedes, mis hermanos, a
mi
amada. La amo como ustedes, amaron a sus amadas,
ustedes que se mataron
ustedes que se mataron
solos, sin esperar a que los mataran,
o a que tarde o temprano viniera
por ustedes la muerte misma.
La amo desde hace mucho y
apasionadamente. La amo,
pensando a menudo yo mismo en la muerte,
y
sigo viviendo con la duda irresoluble:
amar o matarme.
Traducción
de Florencia Ferre
Josip Osti (Sarajevo, 1945)
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